La Molina, 02 de octubre del 2008

La vaca y el piano

Terminamos el tercer bimestre y nos preparamos para entrar en el tiempo de cierre y consolidación que es el último período del año. Y quisiera destacar en él una actividad especial que hemos llamado “Semana Cultural” y que busca ser un espacio novedoso de encuentro y sensibilización con el universo cultural que nos rodea. 

Normalmente cuando nos referimos al término cultura pensamos en las grandes obras de la humanidad, en la literatura o las artes clásicas, o con el conjunto de conocimientos de una persona a la que llamamos “culta”. Pero cultura es además todo ese tejido de ideas, valores, sensibilidades y actitudes que constituye la vida de un pueblo, la “casa”  que nos construimos más allá del espacio natural y donde podemos desarrollarnos y crecer como seres humanos.  Creemos que un hombre, una mujer, bien formados, deben ser capaces de entrar en juego y aportar creativamente en esa conversación continua que es la cultura de un pueblo o sociedad.

Permítanme utilizar una imagen un tanto cruda para expresar mejor a lo que nos referimos:   imaginemos una gran vaca paciendo tranquila en medio del campo, y que de pronto se encuentra con un gran piano de cola. ¿qué puede “pensar”  de esto que se ha encontrado?:  1. que “algo” está allí. 2. que no es comida. Y, 3. que no la va a atacar.  Pensemos ahora en un ser humano cualquiera, mejor aun, en un pianista puesto en la misma situación de encontrarse con este piano: ese encuentro significa muchísimo más para él. El piano no es un mero objeto “allí”, sino que es, como decía el filósofo y educador español Alfonso López Quintás, un “ámbito” un espacio con el que puede establecer múltiples relaciones abiertas a la creatividad.  Para el pianista, el piano no es una simple “cosa” sino un conjunto de posibilidades de riqueza expresiva, de belleza, de ternura, de pasión. El piano no es algo cerrado para él, al contrario, está abierto a múltiples e intensas relaciones.

Muchos hombres de nuestro tiempo terminan relacionándose con la vida, con las manifestaciones culturales e incluso con las demás personas, como la vaca se relaciona con el piano: ¿se come?, ¿me sirve?, ¿me puede atacar?  Con lo que empobrecen su relación con la realidad y se empobrecen a sí mismos. Llevan una vida “de vacas”, vacía de las enormes posibilidades de riqueza y profundidad que la vida nos ofrece cotidianamente. Y, peor aun, como se han cerrado a esas dimensiones más elevadas de la experiencia humana deben conformarse con las más elementales.  Cerrados al mundo de la contemplación y de la belleza, se conforman con el vértigo de sensaciones continuas, cada vez más violentas o sensuales. 

A los padres y maestros nos toca ayudar y motivar a los chicos a enriquecer esa capacidad de apertura a las dimensiones más profundas de la realidad. Ayudarles a ir más allá de encuentros más o menos superficiales con “cosas”, hacia una capacidad creciente de percibir que nos rodea una enorme riqueza con la cual podemos relacionarnos a través de múltiples canales.

El esfuerzo de la Semana Cultural va en esa línea. Queremos ofrecer a los chicos más oportunidades de encuentro integral con la realidad: animarles a interesarse por mundos y manifestaciones culturales que van más allá de su horizonte habitual y acostumbrado. Deseamos que los chicos y chicas de nuestros colegios crezcan como seres humanos que se caracterizan por su hondura y riqueza cultural, por su capacidad de reflexión sobre la realidad y sobre sí mismos en ella, y así, capaces de ejercer un liderazgo positivo en su mundo.

   

Atentamente,


Carmen Ibarra
Directora

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